7

Por qué deserté del periodismo

Soy un desertor del Periodismo. Lo ejercí 32 años de mi vida, desde los 20 hasta los 53. Asqueado de a donde estábamos llegando, lo dejé como se deja a una esposa infiel. El tiempo le está dando la razón a mi deserción.
Ahora sé, porque soy mayor, que el Periodismo dejó de ser objetivo el mismo día en que dependió de la financiación de un banco y de los anunciantes para pagar las nóminas, y que los beneficios por ventas eran su chocolate del loro. Y eso no es ninguna novedad. Viene sucediendo desde los primeros tiempos, a comienzos del XIX, en que un periódico empezó a manipular, en nombre del dinero, de un interés particular, a la sociedad a la que se dirigía.
Durante el tiempo en que lo ejercí, teníamos como maestros a Berstein y a Woodward o, en España, a reporteros como Miguel de la Quadra Salcedo, Jesús González Green, o Manu Leguineche, que se la jugaban en frentes varios del planeta; más tarde a compañeros que ejercían eso que se llama ser maestros del oficio, referentes como Xavier Vinader, Mariano Sánchez Soler, Andrés Sánchez, Alfredo Grimaldos, y muchos otros que olvido porque me estoy haciendo viejo. A veces podíamos “colar” historias a los gerentes, a los propietarios del medio. Después, a los directores les llegaban cartas con toques de atención y amenazas de despido. Pero el director, los redactores jefes, los redactores, eramos profesionales del periodismo y nos mirábamos conniventes con una sonrisa. Hasta la próxima, nos decíamos sin palabras. Y se la colábamos al poder, a los poderosos, a los corruptos. No eran así todas la veces, porque el enemigo es muy peligroso y persistente. Pero de tanto en tanto, les producíamos urticaria.
Después, a partir de mediados de los 90 todo aquello se fue acabando. De la mano del Poder, de la de los Financiadores de la cosa, de las políticas económicas neocapitalistas que empezaban a surgir a raíz de la caída de la URSS, llegaron los directores sumisos, los redactores jefes con bachilleratos mal acabados, los gerentes auditores rebajando paulatinamente los sueldos, despidiendo a cada vez más indios de a pie e incrementando en nómina a jefes con muchas plumas en la cabeza, esos que fagocitan la rentabilidad del Medio a costa de los sueldos cada vez más menguados de los redactores que no habían conseguido despedidir. Y el Periodismo, que nunca tuvo que ver con contar la verdad más que a medias, esa entelequia en manos de los bancos, se está terminando de ir al carajo junto al miedo que produjo en los “gurús” de esta cosa, esa otra que se llama revolución digital, algo que no terminan de entender. Tan atrasados están.
Ahora todo es espectáculo. La información también. Ya no existe el contraste, sólo la vacuidad, la banalización y los lectores insulsos. Sólo queda el negocio.
No creo que me equivocase nada en la deserción.

7 Comments

  1. Excelente, Pedro Avilés Gutiérrez, excelente tu mano de escritor, la coherencia de tus principios. Te felicito.

    Paco Moreno

  2. Querido amigo,

    Acabo de ver que han borrado algunos de sus comentarios en el artículo de Jesús Duva de El País donde usted fustigaba a algunos cheerleaders enviados por EL Chota, el pseudo-criminólogo, pseudo-periodista, y otros mil y pico “pseudos” del del rosario en el bolsillo. Me gustaría saber por pura curiosidad si fue usted quién censuró sus comentarios, o, por lo contrario, la redacción del diario.

    https://politica.elpais.com/politica/2017/08/25/actualidad/1503687397_198917.html

    Gracias, me ha gustado mucho su artículo.

  3. Usted pudo desertar y cambiar de trabajo o prejubilarse; pero otros muchos periodistas no pueden.

    Los lectores siempre han sido insulsos, y cada vez lo serán más, porque vivimos en sociedades en que se fomenta el disfrute, considerado un valor casi sagrado; nadie quiere amargarse leyendo algo desagradable que le haga observar la realidad oculta tras las apariencias. Si tienen techo, comida y dinero para irse de cañas, a los lectores les da igual que el mundo se caiga a pedazos.

  4. Yo pude desertar porque estudié dos años, a mis 53 años, para ser chef. Lo que soy ahora. Deserté y no me fue fácil, porque viví del Periodismo desde los 21 hasta esa edad. Y cualquiera puede hacer los mismo. Tan sólo el miedo y la cobardía, impiden hacer lo que a cada uno le salga de las narices.

  5. No, cualquiera no puede hacer lo mismo. Que usted pudiese no quiere decir que la mayoría pueda; sobreestima las capacidades de la gente. ¿Cambiar de curro a los cincuenta y encontrar luego un curro en otro sector en el que no se dispone de experiencia? Eso es un milagro.

    La cobardía y el miedo son evidencias de lucidez, creo yo; el mundo no se reduce a nuestra voluntad: hay otras voluntades que se oponen a la nuestra y que nos impiden hacer lo que queremos. Y con hijos la cosa se vuelve más complicada.

    Celebro su talento, o la suerte que ha tenido; o celebro una combinación de ambas cosas.

    Y, si me lo permite, antes de despedirme, le hago una recomendación literaria al constatar su afición a la lectura: los cuentos de Juan Madrid. Seguro que sabrá valorarlos en su justa medida.

    Un cordial saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *