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El whisky del muerto
(Déjame que acaricie tu culo con mi barba)

 

Podéis leer el comienzo del Whisky del muerto aquí

Sinopsis

Dos de los más conocidos periodistas del corazón del panorama televisivo español aparecen brutalmente asesinados en extrañas circunstancias en Palma de Mallorca y Málaga, respectivamente.

Mario Candil, un reportero free lance especializado en tribunales y sucesos, es encargado de hacer un reportaje sobre los macabros crímenes  por Gente Magazine, la revista para la que colabora habitualmente.

Candil, un tipo completamente desencantado del periodismo, se enterará muy pronto de que el asesino no ha tenido suficiente con dos muertes. Por su parte, los investigadores policiales descubren, perplejos, que se enfrentan a un asesino en serie de periodistas del corazón y se toparán en sus pesquisas con una dificultad añadida: una lista casi interminable de sospechosos.

Mientras, el colectivo de periodistas del corazón se siente amenazado y los medios de comunicación para los que trabajan comienzan a presionar al Ministerio del Interior para que detenga al asesino lo más pronto posible.

Las gestiones de Candil le conducen al tempestuoso, competitivo y espurio mundo del periodismo del corazón, en donde prima la consecución de audiencia y contratos publicitarios a costa de cualquier principio moral o periodístico.

En una carrera desenfrenada en pos del asesino, el periodista descubre no sólo que siente una especial empatía con él, sino también su verdadera identidad y los motivos últimos que le han impulsado a cometer los crímenes.

El whisky del muerto entrelaza tres esferas distintas: por una parte, la vida del asesino; por otra, el trabajo del periodista para conocer sus motivaciones y dar con él y, por último, las gestiones de la Policía para detenerle, todo ello enmarcado en una sociedad que se tambalea ahíta de estupidez.

Mi pequeña explicación sobre la génesis de esta novela

 

Una tarde de marzo de 2007, no me preguntéis por qué, porque no suelo ver mucha televisión, estaba “zapeando” en busca de no sé qué, cuando el dedo imprudente me dejó en uno de esos programas del corazón de una de las cadenas generalistas del panorama nacional. Alguien hablaba por teléfono con esos ínclitos que se llaman a sí mismos periodistas. Los ínclitos “periodistas” estaban crucificando a quien fuera que estuviese al otro lado del teléfono. Pronto me di cuenta de que esa persona era una persona normal, con un oficio normal, con una vida normal, con unos problemas normales como todos tenemos en nuestra vida, alguien de vida anónima, como la de todos,  y que estaba siendo masacrado literalmente por la verborrea barata y contumaz de los populares “contertulios” de turno esa tarde. Todos ellos eran sobradamente conocidos por la audiencia. Recuerdo que apreté el botón de apagado de la tele con rabia, como si hubiese sido el gatillo de una pistola. Y me sorprendí a mí mismo mascullando con bastante rabia un si yo fuera este pobre, me cargaría a esa panda de capullos.  Dicho y hecho. Un año y medio después, aquí está  El whisky del muerto como prueba de mi crimen.

 

Segunda novela de la saga

El whisky del muerto continúa la saga que el periodista de sucesos Mario Candil inició en Las mariposas sobre la tumba. El argumento de El whisky del muerto tiene que ver con la denominada prensa del corazón, asesinatos y un final sorprendente. Este final sorprendente tiene mucho que ver con los conceptos éticos y morales del propio Candil a quien, cada vez que se va haciendo mayor, le atenazan más todos los fantasmas del nihilismo. Ese nihilismo podría muy bien ser confundido  por los moralistas de las iglesias cristianas y de la derecha más recalcitrante, que aún queda, con el relativismo moral que tanto denostan. Resulta curioso comprobar que las sociedades más conservadoras del mundo islámico, también coinciden en esa crítica de nuestro mundo lleno de dudas, pero como dice Candil al final de la novela, Ubi dubium ibi libertas, donde hay duda hay libertad.

Pero no debo equivocar al futuro lector. Candil sí es un hombre de principios, claro, aunque él no lo sepa. Es la ventaja que tengo yo sobre él. No todo iban a ser ventajas suyas sobre mí. Que se joda 😉