Un trago de “El whisky del muerto”

October 31st, 2008

 
Os invito a un chupito de El whisky del Muerto, mi segunda novela, para abrir boca. Si a alguien le apetece y quiere opinar sobre su bouquet, perfecto. Echad el trago aquí, en PRIMERAS PÁGINAS DEL WHISKY DEL MUERTO, y voilá, aquí os espero con algún comentario.

Qué he leído últimamente

October 30th, 2008

Bueno…, lo cierto es que no he sido perezoso a la hora de leer. Nunca lo soy. La pereza no entra en esa parte de mi vida que es ser lector compulsivo. Pero sí lo he sido a la hora de contar por aquí cuáles han sido mis últimas lecturas. De modo que, como el trabajo se me ha acumulado, contaré en este post, las cuatro  últimas novelas leídas desde la útima que cité aquí y que lo fue en julio pasado.

La primera fue una relectura: “Odessa“, del inefable Frederick Forsyth. Bien por la relectura.

La segunda fue “Tamburas“, del autor alemán Karlheinz Grosser en la edición de 1967 de círculo de lectores. Confieso que también es una relectura de esta novela histórica que cuentas las aventuras y desventuras de Tamburas, un joven ateniense que vive en la época en que reinaba Pisístrato. Hice aquella primera lectura cuando tenía quince años. En aquél momento me hizo amar la Historia aún más. Confieso que tenía ciertas reticencias ahora; no se encaja una novela lo mismo a los quince años que a los cincuenta y dos.  Perdí ese ejemplar en uno de mis inumerables cambio de domicilio.  Gracias a mi hermano Fernando, que encontró la misma edición del Círculo de Lectores en la RED y me la regaló de nuevo, he podido hincarle de nuevo el diente. No me ha defraudado.

La tercera ha sido “Chiquita“, del autor cubano Orlando Rodríguez. “Chiquita” es Premio Alfaguara de novela 2008. Y, sinceramente, aún a pesar de las reticencias que los premios de novela puedan levantar, creo que este es un premio merecido. Orlando Rodríguez sabe del oficio de escribir. Narra la historia de Espiridiona Cenda, un personaje pequeñito en tamaño, grande en voluntad, que existió realmente en Cuba a finales del siglo XIX y principios del XX y que realmente vivió en la imaginación del autor, que ha sabido transmitir toda una pléyade de sensaciones en una novela de 518 páginas. Una delicia. Aconsejo su lectura.

La cuarta, es “Los hombres que no amaban a las mujeres” del autor sueco tristemente fallecido Stieg Larsson. Esta es la primera novela de la trilogía “Millenium”, que terminó de escribir el autor sueco justo cuando le sorprendió la muerte a los cincuenta años. También una delicia de lectura. No es fácil escribir 665 páginas de una novela que nos mantenga la atención constante. Aún mantengo el infausto recuerdo de otra novela de casi las mismas páginas de una autora española novel que se cree la muerte y se cree también escritora de novela negra. De hecho la han invitado a la recién estrenada Semana negra de Getafe, como si tal fuese. Aunque la mona se vista de seda…, ya sabemos. Pero es lo que tiene publicar en una editorial de pro y haber sido también trabajadora de la misma editorial. Qué le vamos a hacer.

Patrulla de rescate

October 6th, 2008

 

Patrulla de rescate es el segundo cuentito negro de doscientas palabras que he presentado en el concurso  NOVELPOL. Los autores podemos presentar hasta dos. Y eso he hecho.  Os lo presento aquí también. Lo mejor, leerlo.

Patrulla de rescate

Eva consiguió  pulsar el botón de alarma del móvil a duras penas.

— Mírame —dijo él.

Silencio.

— Que me mires, joder.

Silencio.

— ¡Mírame, coño!

Silencio.

El camión de la basura, a las dos, puntual, carraspeó cansino en la madrugada triste del barrio popular. La luz de la farola de enfrente,  intermitente, titilante, aliada del frio, penetrando los vidrios rotos de la ventana de la cocina, iluminaba el sombrío rostro del hombre.

Estarían al llegar.

 — No me hagas esto.

Silencio.

— ¡¡Que me mires, hostia!!

Qué miedo.

Eva obedeció. Levantó la mirada desde el suelo hasta la cara congestionada de él.

El cuchillo en la encimera.

Llegarían a tiempo.

— No me hagas caso, mi amor —cambió él de registro, una mano levantada hacia el rostro de ella en ademán de caricia inconclusa—. Voy a cambiar.  Te lo juro.

Silencio.

— ¡Mírame a la cara!

Ya vendrían de camino, raudos a salvarla.

— ¿Qué tienes escondido en la mano,  so puta?

Eva escondió el móvil.

Tenían que estar en el portal; ya subían, seguro.

— ¡¡Les has llamado, cagondiós!! —repitió él, cuchillo en mano.

Llegaron a las siete. La sangre coagulada de Eva irisaba el linóleo del piso de la cocina cuando entraron.

Ya no respiraba.

 

Sixteen Tons

October 2nd, 2008

Se trata de un cuento de tan sólo doscientas palabras clavadas, ni una más ni una menos, como tenía que ser, que he escrito para presentarlo en un pequeñito concurso organizado por la gente de NOVELPOL Lo expongo aquí también, como no podía ser de otro modo. Bonita iniciativa la de esta gente de NOVELPOL, desde luego.

Sixteen tons

Entró una vez más en el salón repleto de dolientes y observó el ataúd con la chiquilla dentro. Tan bonita. Que hijo de puta tan grande el que quebró sus huesos tiernos, aquel que holló sus carnes, sus redondeces impúberes, sus huequitos mórbidos. La luminosidad del traje de comunión con que la había amortajado su madre transmitía a su carita un halo de paz serena; la muerte, pensó con horror. El día pintaba oscuro. Es lo que queda de toda una noche de vela.

— ¿Qué dice la Policía? —preguntó alguien por preguntar algo.

— Nada —contestó él, compungido. Cuanto más cercano a la niña se estaba, con más conmiseración le miraban a uno.

— Es la hora —añadió, sintiéndose como Ernie Ford.

— Ocúpate, Manuel —le autorizó el padre de la occisa, su amigo más íntimo.

Le indicó al de la funeraria que tapase el ataúd. La madre gimió queda, discreta, ausente.

En el cementerio, Manuel suspiro con el chirrido del ataúd entrando en el nicho tenebroso, las manos a la espalda. Esto facilitó la maniobra del funcionario de Policía con los grilletes. Se volvió, le miró a los ojos. Eran negros y dulces. Ese hombre le había quitado dieciséis toneladas de encima.

 

El whisky del muerto
(Déjame que acaricie tu culo con mi barba)

July 13th, 2008

Podéis leer el comienzo del Whisky del muerto aquí

Sinopsis

Dos de los más conocidos periodistas del corazón del panorama televisivo español aparecen brutalmente asesinados en extrañas circunstancias en Palma de Mallorca y Málaga, respectivamente.

Mario Candil, un reportero free lance especializado en tribunales y sucesos, es encargado de hacer un reportaje sobre los macabros crímenes  por Gente Magazine, la revista para la que colabora habitualmente.

Candil, un tipo completamente desencantado del periodismo, se enterará muy pronto de que el asesino no ha tenido suficiente con dos muertes. Por su parte, los investigadores policiales descubren, perplejos, que se enfrentan a un asesino en serie de periodistas del corazón y se toparán en sus pesquisas con una dificultad añadida: una lista casi interminable de sospechosos.

Mientras, el colectivo de periodistas del corazón se siente amenazado y los medios de comunicación para los que trabajan comienzan a presionar al Ministerio del Interior para que detenga al asesino lo más pronto posible.

Las gestiones de Candil le conducen al tempestuoso, competitivo y espurio mundo del periodismo del corazón, en donde prima la consecución de audiencia y contratos publicitarios a costa de cualquier principio moral o periodístico.

En una carrera desenfrenada en pos del asesino, el periodista descubre no sólo que siente una especial empatía con él, sino también su verdadera identidad y los motivos últimos que le han impulsado a cometer los crímenes.

El whisky del muerto entrelaza tres esferas distintas: por una parte, la vida del asesino; por otra, el trabajo del periodista para conocer sus motivaciones y dar con él y, por último, las gestiones de la Policía para detenerle, todo ello enmarcado en una sociedad que se tambalea ahíta de estupidez.

Mi pequeña explicación sobre la génesis de esta novela

Una tarde de marzo de 2007, no me preguntéis por qué, porque no suelo ver mucha televisión, estaba “zapeando” en busca de no sé qué, cuando el dedo imprudente me dejó en uno de esos programas del corazón de una de las cadenas generalistas del panorama nacional. Alguien hablaba por teléfono con esos ínclitos que se llaman a sí mismos periodistas. Los ínclitos “periodistas” estaban crucificando a quien fuera que estuviese al otro lado del teléfono. Pronto me di cuenta de que esa persona era una persona normal, con un oficio normal, con una vida normal, con unos problemas normales como todos tenemos en nuestra vida, alguien de vida anónima, como la de todos,  y que estaba siendo masacrado literalmente por la verborrea barata y contumaz de los populares “contertulios” de turno esa tarde. Todos ellos eran sobradamente conocidos por la audiencia. Recuerdo que apreté el botón de apagado de la tele con rabia. Y me sorprendí a mí mismo mascullando con bastante rabia un si yo fuera este pobre, me cargaría a esa panda de capullos.  Dicho y hecho. Un año y medio después, aquí está  El whisky del muerto como prueba de mi crimen.

 

Segunda novela de la saga

El whisky del muerto continúa la saga que el periodista de sucesos Mario Candil inició en Las mariposas sobre la tumba. El argumento de El whisky del muerto tiene que ver con la denominada prensa del corazón, asesinatos y un final sorprendente. Este final sorprendente tiene mucho que ver con los conceptos éticos y morales del propio Candil a quien, cada vez que se va haciendo mayor, le atenazan más todos los fantasmas del nihilismo. Ese nihilismo podría muy bien ser confundido  por los moralistas de las iglesias cristianas y de la derecha más recalcitrante, que aún queda, con el relativismo moral que tanto denostan. Resulta curioso comprobar que las sociedades más conservadoras del mundo islámico, también coinciden en esa crítica de nuestro mundo lleno de dudas, pero como dice Candil al final de la novela, Ubi dubium ibi libertas, donde hay duda hay libertad.

Pero no debo equivocar al futuro lector. Candil sí es un hombre de principios, claro, aunque él no lo sepa. Es la ventaja que tengo yo sobre él. No todo iban a ser ventajas suyas sobre mí. Que se joda ;)

Pólvora negra

July 11th, 2008

Acabo de terminar de leer hoy Pólvora negra, del escritor Montero Glez. Habitualmente no tardo tanto en leer una novela.

Ta sólo puedo apuntar lo siguiente de su lectura:

Muy bien escrita desde el punto de vista de la forma.

Es como el aliento de un perro enfermo, como el plomo de los ojos del teniente Beltrán y tan confusa e imprecisa como la mente de los anarquistas descritos en sus páginas pero, repito, muy bien escrita. Tan sólo eso.

Los crímenes de Oxford

June 14th, 2008

Los crimenes de Oxford, sí. Acabo de terminarlo. Bueno, no ha estado mal. Ya había leído La muerte lenta de Luciana B, una novela del mismo autor, el argentino Guillermo Martínez, matemático y escritor de novela negra. Su estilo sobrio me gusta. Nada de alharacas. Y la sensación que me ha dejado esta última novela, al igual que la primera, es algo entre lo onírico y lo tópico. Lo onírico porque la literatura de Guillermo Martínez tiene la particularidad de adentrarnos en el mundo interno de sus protagonistas haciéndonos vislumbrar a través de ellos una sinfonía interiorista del Ser que no se hace nunca pesada al lector. El argumento de la novela es lo que me ha parecido un poco tópico; creado casi como para el guión de la película que Alex de la Iglesia ha hecho de ella. No he visto la película. Y sólo la veré cuando alguna vez la pasen por la tele y eso si ambos coincidimos en momento y lugar. Pero no es mucho riesgo el decir que seguro que el libro está mejor. Seguro.  Aconsejo la lectura SIEMPRE ante de ver ninguna película de cualquier libro. Primero el libro. Después…, qué más da.

Ahora estoy enfrascado ya en la lectura de “Pólvora negra” del autor español Montero Glez. Ya les contaré.

Carlos Ruiz Zafón, un guante a la cara de la estupidez

May 31st, 2008

Hoy El País publica una entrevista con Carlos Ruiz Zafón tomando como pretexto la Feria del Libro de Madrid. Lo que en ella dice Zafón me parece sumamente interesante e instructivo, fácil de comprender y sincero. Pero lo que más me ha llamado la atención es la retahíla de comentarios de los lectores a la citada entrevista.

La mayoría se deleitan en denostar a Zafón simplemente por el titular que la redactora ha hecho de la entrevista: “Aquí la literatura es un gueto de mediocridad y pretensión”, y con esa envidia insana que los españoles alfombramos el suelo en cuanto que alguien o algo destaca, sin más. Sin más quiere decir que sin ni siquiera haber leido a Zafón. Lo zafio de los comentarios populacheros (estoy acostumbrado al mundo de los foros desde que nació internet, que soy un autor tecnológico), amparados en el anonimato, denotan esta envidia española a todo lo que huela a éxito… de los demás.

Apuesto a que ni el 1% de los posteantes ha leido a Zafón ni a nadie más. Un lector avezado, es decir, no aquél que lee un libro al año, o uno al mes, nunca podría decir la sarta de barbaridades sin sentido que estos anómimos postulantes metidos a críticos literarios de pacotilla.

Zafón defiende que la literatura, la novela, tiene que llegar mascada por parte del autor a la gente, al lector. Sostiene que el lector tiene que considerar fácil lo que, en realidad, tiene mucha complejidad. Y lleva razón. Para que un libro te transmita esta sensación de sencillez, detrás tiene un trabajo ímprobo y complicado. Si no me creen que cualquiera que lea este comentario mio se ponga a escribir las diez primeras páginas de una novela “profunda” o, ya que debe resultar tan fácil según la mayoría de posteadores a la entrevista de El País, se ponga a escribir las diez primeras páginas de lo que consideren es una novela comercial y facilona. Les reto a eso. Les reto como se retaba en el XVIII, arrojando un guante a la cara. Igual que Zafón hace ahora con esos soplagaitas que le critican desde el anonimato.

Episodios nacionales. El 19 de Marzo y el 2 de Mayo de 1808, de Pérez Galdós

May 29th, 2008

Sí. Acabo de releer esta obra de la serie de Los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós. La primera vez que la leí debía tener catorce años. Me ha gustado de ella que Galdós me introdujese en el ambiente madrileño de los hechos acontecidos en marzo y mayo de 1808; el motín de Aranjuez en marzo y el levantamiento de cierta parte del pueblo en Madrid el 2 de Mayo.

Como lector inveterado y compulsivo que soy, he notado alguna carencia en la narración. En primer lugar, algunos hechos importantes de la novela quedan desligados de la correlación de hechos original y se vuelven a explicar más tarde de forma improvisada.

Un ejemplo claro es cuando Gabriel de Araceli, el joven protagonista, se reencuentra con su amada Inés en la casa de Madrid en la que la tienen presa sus tios. Este reencuentro, que el lector espera encontrar narrado con altas dosis de emoción, nunca llega a producirse, ya sea por omisión de su autor o, por lo que yo interpreto como una manifestación cultural del machismo reinante en la época en que se escribió el tal episodio, 1875. El caso es que, en general, el personaje de Inés queda deslavazado y sin fuerza, como si fuese nada más que una muñeca colocada allí para gusto del argumento siendo, como debería de ser, uno de los personajes esenciales de la pequeña novela.

La narración ofrece otra carencia cuando, ya en Madrid, Gabriel se reencuentra en su casa con Don Celestino, el sacerdote tutor de Inés que la había entregado en Aranjuez a los tíos que después serían sus carceleros. El autor explica, a toro pasado, de forma que parece también una total improvisación en el desarrollo de la narración, que si el cura citado había acudido al también citado domicilio, era porque Gabriel le había enviado una carta previamente. El momento de esa comunicación por carta explicando la difícil situación de Inés, debía haber sido resuelta muchas páginas atrás.

Tengo la sensación, no deja de ser un cálculo no sé si equivocado o no que me hago, de que el autor no releyó el texto y lo corrigió debidamente para inspirarle ese ritmo necesario e imprescindible que toda narración debe tener.
 

Vida de este capitán Alonso de Contreras

May 13th, 2008

Una auténtica joya de la narración pura. Ni un adjetivo. La vida de un soldado español del siglo XVII contada por él mismo, allá cuando ya rondaba sus buenos cincuenta años de edad y se veía necesitado de expresar sus vivencias, las de un bravo del siglo XVII. Con esa narración, el paradigma de la sencillez estilística, sin ninguna alharaca, es capaz de encender la imaginación del lector. No entiendo como es capaz de contar por escrito tantas y tan variadas vivencias sin utilizar apenas palabras. Eso es lo que se debe admirar de un escritor; no su verborrea ni su preciosismo por el preciosismo.
La narración de Alonso de Contreras, ese levente mata turcos, que buscó pendencia al tiempo que justicia para sí, que asoló la tierra del moro en busca de riqueza y para honor de Su Soberana Majestad, Caballero de Malta, nos tenían por hombres sin alma, dice,  nos lleva a percibir el perfume del salitre mezclado con el olor a agujas de pino en las islas griegas del riñón de Turquía en las que puso el pie, ya sea para cargar agua, defender a la cristiandad o para huir de un matrimonio regalado por los mismos padres y familia de la novia a los que nuestro capitán rescató un páter ortodoxo de las garras del turco.
Aconsejo la lectura de este libro a cualquier amante de la literatura del siglo de oro. El libro ha sido perfectamente editado por  Reino de Redonda, un acto heroico de Julián Marías, y tiene un interesante prólogo de Arturo Pérez Reverte y mantiene un excelente estudio por parte de José Ortega y Gasset publicado en la edición que se hizo de la obra en 1943.