Las mariposas sobre la tumba, lectura gratuita

April 14th, 2010

 

Mientras un editor competente no descubra mis encantos como escritor, y como uno cuando escribe, escribe para los demás, nunca para uno, acabo de ”liberar” momentaneamente mi primera novela policíaca, “Las mariposas sobre la tumba” para que podáis leerla online con total comodidad, a través de “Libro Virtual. Org“, un lugar realmente magnífico que está dando voz a infinidad de autores y a sus las obras literarias que, de este modo, no criarán polvo en el cajón digital que todos los escritores tenemos en nuestra habitación de trabajo, al lado del ordenador.  La novela se puede leer gratis online a través de un sistema de alta calidad de lectura en que tendréis la sensación de estar leyendo la novela física. Le falta el olor a papel, eso sí, ya lo siento. Tan sólo tendréis que daros de alta (es gratuito también) en Libro Virtual. Org.

Alternativamente, por tan sólo un euro de gasto, (compensación justa por  un año y medio de trab ajo) podreis bajaros el fichero de la novela en formato pdf o en formato para lectores electrónicos.

Sed condescentientes con la portada que he traído aquí porque es una portada aún provisional de la novela.

 A cambio de ofreceros la novela de manera gratuita, tan sólo os pido que ya sea a través de la propia web de Libro Virtual en que está alojada “Las mariposas sobre la tumba”, o a través de este blog, me indiquéis vuestra parecer y la opinión que os ha merecido.

Ya nada más que indicaros un poco por encima qué me llevó a urdir y escribir la novela, su géneis, vamos.

Las mariposas sobre la tumba” iba a ser un reportaje y acabó en novela. Para escribirla  me he basé en hechos reales acontecidos entre los años  1996 y 2006 en Irlanda y la costa levantina española. En principio no iba a ser más que un reportaje. Pero es un reportaje que, por distintos motivos, nunca llegué a hacer yo.   Dejé que lo hiciese por mí el periodista de sucesos Mario Candil en la novela.  Os puedo asegurar que Candil se documentó bastante mejor de lo que yo lo habría hecho. Al acabar, el muy traidor, se planteó también escribir la misma  novela.  Afortunadamente, cuando él decidió empezar a escribirla yo la acababa de terminar. Que se fastidie; le llevaré siempre, como mínimo, un año de ventaja.

 Durante la labor de documentación de esta novela, descubrí con excitación que parte de los personajes y de las situaciones representados habían ya aparecido en 2003 en una película del director norteamericano Joel Schumacher titulada Veronica Guerin. La auténtica Veronica Guerin es la Verónica Greany de Las mariposas sobre la tumba. Esto me llenó de un cierto orgullo. Si ya un director de cine de la categoría de Schumacher había decidido hacer una película con algunos de los personajes y situaciones que, a raíz de la aparición de dos cadáveres enterrados en una nave industrial de  Catral en 2006, habían inspirado en mí una novela, esto suponía que mi olfato a la hora de encontrar buenos argumentos para mis novelas debía ser también bastante bueno.  También he de decir que el argumento de mi novela no está inspirado para nada en la película descrita. El argumento de esa parte de la novela coincidente con la película, procede de cientos de páginas de información oficial extraída de los tribunales irlandeses, de los sumarios oficiales y originales en inglés, de toda la documentación judicial referente al caso   y de cientos y cientos de páginas de hemeroteca de, preferentemente, distintos periódicos irlandeses y británicos, sin despreciar lo publicado en periódicos españoles y franceses.

 Con este dato ya estoy descubriéndoles los nombres reales de muchos de los personajes que yo cambié en la novela por una cuestión de higiene judicial. Les aconsejo que compren y vean la película, no les va a decepcionar, antes o después de leer Las Mariposas sobre la tumba. Disftutad de su lectura.

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Necesidad

April 1st, 2010

 
Necesidad imperiosa de sentir su delgadez y sus huesos bailar en mi abrazo cuando la acoja en él por primera vez. Ingrávida. Su fragilidad. Como un pastelillo de fresa y nata al que hay que mimar para que no pierda ni su compostura ni su prestancia. Tan tentador que no hay sino que pasarle la lengua con delicadeza para el deleite de todos los sentidos. Y así, al sur de su vientre, encontrar el norte de mi existencia.

Pedro Avilés © 2010

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Llegaré a tí (o el amante)

April 1st, 2010

Tengo que estar allí, ocupando el lugar del que dice que te ama. Tocando, que no acariciando, tocando con delicadeza esas partes con las que te das placer. Yo, el que siempre espera debajo de tu ventana, viendo cómo se apaga la luz de tu dormitorio en la noche y musita un deseo que nunca se cumple. Y lo estaré, si lo tengo que estar, ocupando el lugar de ese tonto. Tarde o temprano. Serán mis manos tibias, no las suyas cargadas de inercia, las que tienten tu intimidad.

Pedro Avilés © 2010

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No va a pasar (un cuentito erótico)

April 1st, 2010

Se dio la vuelta, me miró e intentó despistarme entre los repletos estantes. La seguí de cerca para no perder el rastro de su perfume, que se mezclaba con el aroma del papel de los libros de aquella librería de viejo, y porque tenía la fuerte presunción de que algo iba a ocurrir entre los dos, justo a esa hora absurda. Se detuvo a leer la contraportada de una novela de Balzac. Alguien intentó pasar por detrás de nosotros en el estrecho pasillo que formaban las estanterías. Me apreté contra ella para dejarle pasar. Al sentir contra mi entrepierna las firmes redondeces femeninas a través de su liviana falda, emití un respingo involuntario, como cuando uno entra en una piscina la primera vez en un verano que no ha hecho más que comenzar. Fue apenas un roce, pero era la primera vez que nuestros cuerpos entraban en contacto. Debió sentir lo mismo que yo, porque vi erizarse el suave vello de sus hombros. Volvimos a quedarnos solos, pero permanecí en aquella posición, muy pegado a ella, un contacto casi imperceptible, imantado, que no deseaba abandonar nunca. Aquella erección. Sabía que ella no protestaría. No era cosa de chiquillos. La idea de que pudiese disfrutar de su primera infidelidad me estimuló aún más. Así que el roce se fue haciendo más intenso mientras continuaba leyendo la contraportada del libro de espaldas a mí, como si no pasase nada. Me embriagué con la miel que emanaba de la parte posterior de su cuello de cisne atacado por mi convulsa respiración. El contacto se hizo más intenso, aun apenas perceptible, y ella volvió su carita hacia mí sin llegarse a dar la vuelta enteramente.Me atacó un intenso bocado en el hueco del estómago, como cuando se tiene mucha hambre, y tuve que contener el mismo gemido que sentí que ella sí exhalaba con aliento quemado de pasión contra mi boca entreabierta. Me clavó la mirada con sus ojos verde grises. Me temblaron las piernas. Y así estuvimos unos segundos que podían haber sido minutos largos. En silencio. Al borde.

Su mirada se llenó de preguntas que no queríamos contestar. Nuestros labios contactaron un ápice, eléctricos, y nos besamos; un roce apenas de las bocas entreabiertas, de la punta de una lengua contra la otra, mientras continuábamos aumentado la intensidad de los también discretos movimientos de nuestras caderas. Cuando el tono había subido a los límites del placer secreto que obnubila los sentidos, tuve la pírrica sensación de que aquello iba a acabar de un momento a otro.

— No va a pasar —se adelantó ella aún temblando como una hoja de otoño a punto de caer de su peciolo.
— Si tuviera que irme; ¿te acordarías de mí?—dije.
— No va a pasar —repitió.
— No va a pasar —convine yo.

Pedro Avilés ©

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Susurros de amor

April 1st, 2010

El tipo iba cantando a pleno pulmón por la calle y no eran ni las nueve de la mañana. Una vieja gorrilla de visera y un abultado macuto de fieltro, junto con una barba cerrada y crecida hasta cubrir sus mejillas con descuido, mostraban a las claras la estampa de un fracasado. A pleno pulmón. Me quedé allí parado, viéndole pasar.

–Se llama Ernesto, Ernesto Arangüena. Mi nieto me contó que lo que va cantando a todas horas se titula algo así como Todo está lleno de amor.

El dato, venido no sabía de dónde, me sacó de estos pensamientos y del pasmo que me había causado la visión de aquel personaje.

–Vive ahí cerca, en el 53 de la calle de los Trigales, en el bajo B exterior –completó la información la voz cuando me di la vuelta y pude comprobar que no provenía del más allá, sino de un venerable jubilado que iba a reunirse con los que ya se solazaban junto a la valla protectora de las obras del nuevo centro de salud que estaban construyendo en el barrio.

–Ya –mascullé, y me dispuse a continuar mi camino, que tenía que hacerme un análisis de sangre esa mañana a las nueve y media en el centro de salud viejo.

–Está así desde lo de la Kenwood KM 262 Prospero –añadió el anciano.

Miré el reloj del campanario de la parroquia. Quería salir a escape. Pero no moví ni un músculo. El jodido abuelo había atrapado mi curiosidad y me había clavado sobre la acera en espera de su historia.
–¿Conoce usted la tienda de electrodomésticos La Chispa Eléctrica?

Puse cara de póquer.

–Es de mi hijo. No se preocupe, no le voy a entretener demasiado, que parece usted un joven muy atareado, así que iré al grano: Ernesto Arangüena había sido pasante en un prestigioso bufete de abogados de Madrid y perdió su empleo, su mujer y sus amigos después de lo de la Kenwood KM 262 Prospero.

Me crucé de brazos completamente ya rendido a escuchar lo que aquel buen hombre tuviese a bien contarme.

–Un día, Arangüena entró en La Chispa Eléctrica en busca de uno de esos aparatos que lo cocinan todo.

–La Kenwood…

-KM 262 Prospero –terminó de describir el abuelete–. Mi hijo Alberto, ¿le había dicho que se llama Alberto?, le terminó vendiendo una a Arangüena. Casi doscientos eurazos del ala. Días más tarde, Arangüena volvió por la tienda para decir lo contento que estaba con la compra. Contó que los guisos que hacía podían compararse con los mejores de Casa Eustaquio. ¿Conoce usted las comidas de Casa Eustaquio? No, ya veo que es usted nuevo en el barrio. El caso es que a partir de aquel día Arangüena visitaba cada mañana la tienda de mi hijo con la misma cantinela; lo encantado que estaba con la maquinita cocinera. Hasta ahí todo habría sido relativamente normal de no ser porque un día…

El abuelo paró en seco su narración, metió la mano en el bolsillo de la chaqueta, extrajo un paquete de picadura de tabaco y un librillo de papel de fumar, lió un cigarrote gordo y húmedo como un animal extinto, se lo llevó a la boca, lo encendió con harto aparato de humo y chispas y le metió una profunda chupada.

–De no ser porque un día –prosiguió por fin– le contó a mi hijo que había descubierto que la Kenwood KM 262 Prospero contaba entre sus funcionalidades con una que no aparecía en el manual y que no era otra sino que la máquina tenía la capacidad de susurrar. Algo ciertamente extraordinario, convendrá usted conmigo. No ponga usted esa cara. Mi Alberto también pensó que Arangüena le estaba tomando el pelo o que tenía su mañana graciosa, pero no. Hablaba completamente en serio. Así que mi chaval le preguntó a Arangüena con bastante coña que qué era lo que la maquinita le susurraba. Arangüena se puso muy circunspecto. Parecía que no le importaba que le tomasen por loco. ¿Qué cree usted que contó Arangüena que la maquinita le susurraba?

Como yo no estaba dispuesto a hacer públicas mis creencias a esas horas de la mañana, el viejo dio por fin la respuesta:

–Palabras de amor.

–¿Palabras de amor? –me vi abocado a preguntar en el mismo tono de rechifla que el hijo tendero del abuelo debió emplear con el tal Arangüena.

–De amor, sí. Se lo dijo más serio que un funeral Ernesto Arangüena a mi Alberto. Cuando le pidió que le explicase con más detalle qué tipo de palabras de amor le susurraba la Kenwood, el muy chalado le contestó que palabras de amor sencillas y tiernas, como en la canción; palabras del estilo de “si me dejas te haré el hombre más feliz del mundo” y “si me sintiera correspondida no sé lo que haría por ti”.

–Luego entonces –señalé–, la Kenwood KM 262 Prospero es mujer.

–Claro está. No se ría usted, que la cosa es seria. Arangüena regresó cada mañana y durante dos meses a la tienda de mi Alberto para contarle las nuevas palabras de amor que la máquina le iba susurrando y urgiéndole a contactar con el fabricante original para que le remitiesen el librito de instrucciones actualizado. Parece que por internet no había conseguido averiguar nada más sobre las misteriosas nuevas facultades de la amorosa maquinita. Al final, Arangüena dejó de acudir a La Chispa Eléctrica, cansado ya de los desplantes de mi hijo, que cuando le veía venir se refugiaba en la trastienda dejando al frente del negocio al aprendiz. Pero mi Alberto aún recuerda muchas de las palabras de amor que Arangüena le contó que le susurraba la Kenwood: Que si tengo que hacerte el hombre más feliz del mundo; que si comparado con lo que las geishas hacen a sus señores, mis caricias te harán gozar infinitamente más; que si te haré un hombre poderoso y estaré siempre a tu lado; que si nunca nadie te habrá hecho ni te hará el amor como yo… En fin, palabras dulces y halagos de mujer que, como le digo, terminaron por hacerle perder su trabajo, sus amigos, su esposa, de quién decía que no le quería como la Kenwood, y, finalmente, el sentido común. Y así, loco de remate por su amor, es como usted lo ha visto hace un rato cantando a pleno pulmón una canción de esas raras que hablan de cosas tecnológicas.

Cuando el abuelo me tenía completamente embelesado con su narración, carraspeó sonoramente un par de veces, cambió repentinamente de discurso –como si hubiese sido yo el que le hubiese importunado a él y no al revés–, se excusó de mala manera conmigo y fue a reunirse sin más explicaciones con los otros jubilados que le esperaban en la orilla de las obras. Me dejó allí como un pasmarote muerto de curiosidad.

–Adiós, hombre –le dije, pero ya no podía oírme.

Confieso que, a pesar de mi proverbial escepticismo, aquella anécdota me había dejado un tanto trastocado, quizá porque aún –por lo del análisis de sangre– no había tomado mi ración de cafeína matinal. La historia y la situación habían sido tan surrealistas como lo más surrealista que hubiese oído o experimentado hasta el momento en toda mi vida, incluyendo la absurda sensación de coitus interruptus narrativo que el viejo me había provocado. Vagué despistado por el barrio antes de dirigirme al centro de salud antiguo. Y así, sin saber aun cómo, me encontré de repente ante el número 53 de la calle de los Trigales. La ventana y la persiana del bajo B exterior estaban entreabiertas. Miré a un lado y a otro y luego metí las narices en el oscuro interior de la casa. No se oía nada y aún se veía menos. Me sentí avergonzado y pensé que era un imbécil por ser tan cotilla. Continué caminando sin rumbo fijo hasta que fui a toparme, también de pura casualidad, con La Chispa Eléctrica. Entré.

–Buenos días.

–Buenos días –respondió el que supuse era Alberto, el hijo del abuelo cebolleta–. ¿En qué puedo servirle?

–Estoy interesado en un robot de cocina.

–Ahora mismo le traigo nuestro catálogo especializado.

–No se moleste. Sáqueme la Kenwood KM 262 Prospero. No me importa lo que cueste. Me la llevo puesta.

(C) Copyright Pedro Avilés 2009

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Mata al presidente, para abrir boca

April 30th, 2009

Lee su primer capítulo.  Te garantizo que te va a enganchar.

En más o menos tres o cuatro semanas, publicaré a través de la editorial Bubok ”Mata al presidente“, una novela interactiva en la que quien decide el final es el lector. Se trata de la actualización de una novela que tenía ya perfilada en 1985 y que ahora he rehecho completamente. Una novela diseñada como un juego, basándome en la denominadaba hiperficción. ¿Qué es? Sencillo: la novela tiene 21 finales diferentes y en tan sólo uno el lector consigue llegar a la conclusión deseada.  Por no andarme más por las ramas, lo mejor es es que reseñe la sinopsis:

Rodolfo Barea es un periodista español que trabaja para la CIA y que, tras años como “durmiente”, recibe instrucciones de la organización para participar en una operación de gran calado que revertirá el resultado de las últimas elecciones generales celebradas en España.

Su sorpresa inicial se verá incrementada cuando su contacto le cuente el cometido que se le ha asignado: matar al presidente del Gobierno antes de que retire las tropas de Kirguizistán.

Mata al presidente” es una novela repleta de suspense en la que decidirás qué pasos debe seguir el agente secreto para lograr su objetivo. Según las decisiones que tomes, Barea alcanzará el éxito… o caerá en el más estrepitoso de los fracasos.

Diseñada como un puzle infernal, “Mata al presidente” proporciona al lector horas y horas de divertimento y emoción, ya que de los 21 finales propuestos tan sólo uno culmina con el triunfo de la misión.

Todo un reto. Y, aviso para navegantes, “Mata al presidente” también contiene una  ácida crítica  al mundo laboral del periodismo, un terreno que  conozco bien.

Mata al presidente” se podrá comprar online y ser recibida a domicilio con total comodidad desde Bubok, la propia editorial. 

Como veréis, a “Mata el presidente” le he abierto un blog para ella solita. Creo que se lo merece.

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Las tres últimas

April 6th, 2009

Mis impresiones, como lector, sobre mis últimas tres lecturas desde el 24 de febrero pasado:

En primer lugar, La muerte de Amalia Sacerdote, de  Andrea Camilleri. El viejo maestro creador del personaje Montalbano, el comisario italiano, cuyo nombre entresacó de la admiración que sentía por nuestro Manuel Vázquez Montalban, ha dado en el clavo.  Acabo de leer la novelita porque le han concedido el premio RBA de novela negra y, tengo que estar de acuerdo en que es una novelita de premio, aún sin saber qué otras buenas obras, seguro que algunas mucho mejores, han quedado aparcadas por el jurado.  Vale la pena su lectura

En segundo lugar El juego del ángel, de Ruíz Zafón. Bien por Ruíz Zafón. No defrauda, aunque en esta novela el ritmo decaiga y sea un tanto previsible su desarrollo y su final.

Y en tercer lugar, El Observatorio, (The Overlook, título original) de Michael Connelly. Que conste que es la primera novela de Conelly que he leído. He tenido la sensación de que estaba escrita por un negro. Seguro que me equivoco.  Simple como el mecanismo de un chupete. La simpleza en la escritura de una novela suele ser un mérito si la trama nos engancha y nos mantiene la atención. Pero es previsible, como la última parte de la novela de Zafón que he citado pero, claro, no hay color entre la una y la otra. La de Zafón está bien escrita.

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“Gomorra” y “Las mariposas sobre la tumba”

February 24th, 2009

No creáis que no leo. Leo y mucho. El último libro que he leído ha sido “Gomorra” del periodista italiano Roberto Saviano. He tardado en leerlo casi dos meses porque he empleado el tiempo en volar en mi simulador de vuelo gracias al nuevo ordenador Dell que hemos adquirido en casa. Para escribir, perfecto, para “volar”, magnífico. Es decir que la tardanda en leer Gomorra no ha sido otra cosa que mi atención ha estado sujeta por lo dicho.

“Gomorra” está bien escrita. Pero no es otra cosa que una crónica sobre la Camorra napolitana, la tierra de donde él procede. En principio, el sabor de boca que me ha dejado, ha sido que  no me apetece visitar Italia. La sensación que el libro de Saviano deja, es que está podrida de  norte a sur, que está infecta. Y no es sólo una forma de hablar. Infecta de desechos industriales metidos en compost para la tierra en que los agricultores plantan patatas, tomates, pimientos, nacidos ya envenenados.

 La segunda sensación que me ha causado, muy fuerte además, es recordarme bastante a los protagonistas de “Las Mariposas sobre la tumba“, mi primera novela. En ella también se habla de mafia, aunque sea de mafia irlandesa y en España. En el fondo, todas las mafias, están relacionadas. Más aún en el mundo global que habitamos hoy día.

Recomiendo a todos la lectura de Gomorra.

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La princesa de hielo: dolor de muelas

December 11th, 2008

Siempre he sostenido que escribir una novela, aunque sea una mala novela, tiene su mérito. Pero creo que la última que acabo de leer escapa a esta categoría con creces. La princesa de hielo, de una tal Camila Läckberg, una escritora sueca que se ha querido pegar a la moda de lo policial con el pretexto de escribir un Chick Lit de baja intensidad, es una auténtica porquería, así, sin más. De policial no tiene más que el nombre y la pretensión, y de Chick lit de baja esfofa, todo lo demas.

Una costumbre, idea más bien, que sostengo con brío desde mi época de lector en la niñez hasta ahora, es que para opinar sobre una novela, sobre un libro, hay que leer todas sus páginas desde principio a fin. Con La Princesa de hielo también lo he hecho, por supuesto, pero en ella, excepción es excepción, me he visto obligado a leer algunas de esas páginas en diagonal. Lo mejor de la lectura de La Princesa de hielo, ha sido, como cuando he tenido que ir al dentista con dolor de muelas, acabar.

No sé si la culpa es sólo de la autora, de la edición de la editorial original de su obra, de la edición de la actual editora en España (Maeva), o de una traducción deficiente. Puede que todo a la vez, pero La princesa de hielo está mal pergeñada, mal construida y con todo el andamiaje expuesto al viento. A la autora se le nota a la legua su intención de intentar impresionar al lector. Impresióname, sí, pero que no se te note.  Inútil empeño en este caso. La autora destroza su propia pretensión convirtiéndola en un erial de cosas previsibles para el lector en un ritmo pretendidamente tranquilo, copia de cómo  considera la propia autora que se debía escribir la novela negra británica, de la que he leido por algún sitio que es admiradora, y que finalmente no deja de ser más que eso: una mala copia de algo que no ha entendido en absoluto.

Camila Läckberg utiliza todos los tópicos del género negro, se deja más de la mitad en su tintero por omisión, y los que no, los utiliza mal. En lo técnico propiamente dicho, no tiene ni pajolera idea de cómo funciona la Policía, ni por supuesto la investigación policial (ni siquiera en el pequeño pueblo de Fjälbacka en donde ubica la acción) Nos encontramos así, por poner tan sólo un ejemplo, mezclado en una prosa simplista superada en calidad con creces por Marcial la Fuente Estefanía o por Corín Tellado, con que el policía protagonista descuelga el cadáver de un ahorcado simplemente porque hiere su sensibilidad. Imagino las lindezas que después le dirían los de la Científica, que en Suecia también existen, pero la autora lo omite, claro.  

Otra de las tonterías que contiene la novela, un ejemplo nada más entre otros muchos, son frases tópicas en situaciónes completamente prosaicas de esas del estilo de, mantuvieron un tenso silencio durante varios minutos antes de hablar. Durante varios minutos. Ahí es nada. Un tópico. Si alguien quiere hacer una práctica, que experimente con su segundero aguantar sin hablar, no ya varios minutos, sino tan sólo un par con un par de amigos enfrente. Esto no es más que un ejemplo. Luego tenemos la historia familiar de una escritora amiga de una asesinada, a través de la cual le vemos el pelo a la autora, todas sus confusiones mentales, y sus dudas existenciales (el andamiaje), y que al lector avezado se la trae floja, como vulgarmente se suele decir. Sinceramente, tener que leer la cuitas personales de una chica, o chico, en su diario pajomental, es algo que siempre me ha producido urticaria.

Los diálogos son insoportables y, al igual que el texto general, se han visto alargados hasta la saciedad, como si la autora pensara que cuanto más larga la novela, más calidad tendría, lo que es un engaño al lector.  Se equivoca, claro. Le ha faltado pasarle el detector de mierda que Hemingway decía que todo escritor que se precie debe tener siempre en perfecto estado de revista.

Lo que me asombra es que la edición que tengo en mis manos (afortunadamente por poco tiempo, ya que irá a parar a esa parte de mi biblioteca dedicada a la basura) va ya por su 14ª edición. Ya les vale.

¿Quién, cómo, al margen de la literatura, le da a gentes como Camila Läckberg  este marchamo de autoras de éxito? Sinceramente, no tengo ni la menor idea.

Normalmente tardo en leer una novela una semana, diez días a lo máximo. Leer La Princesa de hielo, me ha llevado más de un mes. Y eso gracias a que esta mañana, como cuando uno se toma una medicina muy amarga sin pensarlo, me he engullido sus últimas cuarenta páginas al tirón para acabarla. Y esto tan sólo para poder opinar con todas las de la ley sobre esta novela cuya lectura me ha hecho replantearme ese principio de no opinar de una obra escrita hasta que no la he leído al completo.

 

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La gente en general

November 25th, 2008

Hoy me siento bien. De modo que aquí me atrevo con otro cuentito negro  de tan sólo 200 palabras. También tiene truco. Es un texto extraído de mi primera novela Las mariposas sobre la tumba

La gente en general

—  Por cierto, ciento veinte mil euros no está mal,  ¿eh, Gary?

— Nada mal.  Muy rentable. Sesenta  mil por cabeza, ¿eh?

Del estómago de uno de los dos muertos brotó hacia la garganta una especie de tenebroso eructo que rebotó en las paredes terrosas de la tumba. Gary levantó instintivamente el arma y disparó las cinco balas que le quedaban al cargador hacia los cuerpos inertes de los jóvenes, que encajaron los impactos con la misma vida de dos sacos de arena.

— ¡Cerdos! Parece que les sentó bien la cena —dijo mezclando sus palabras con una risa nerviosa, la Magnum humeante en la mano derecha.

— Los eructos de lo muertos están en el sueldo. Lo que tienes que hacer es darte prisa en cubrirlos de tierra para evitar que oigamos ahora sus ventosidades —dijo Donald, que sabía que su hermano siempre estaba bien dispuesto a  asumir los trabajos más difíciles.

—  En el fondo no somos más que un saco de mierda.

—  ¿Nosotros en concreto, Gary?

—  No. La gente en general, Donald.

— A trabajar —dijo Donald, cogiendo una de las dos palas. Gary agarró la otra y empezó a echar tierra sobre los jóvenes muertos. Estaban seguros de que nunca encontrarían los cuerpos.

 

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